Escrito por: Afrodita

Un tranquilo día en un restaurante se convirtió en una intensa follada con una linda camarera colombiana.

Hace unos días salí muy tarde de trabajar, en torno a las 11 de la noche. Por eso decidí quedarme a cenar en el centro antes de ir a casa. Llamé a mi mujer para avisarle y entré en un restaurante de comida rápida que tenía buena pinta. La camarera me dijo que a las 11 cerraban la cocina pero que al ser sólo una persona, haría una excepción y me prepararía lo que quisiera.
Mientras comía mi hamburguesa con patatas, ella iba recogiendo el local. Estábamos solos en el restaurante y yo me estaba poniendo cada vez más cachondo al ver sus enormes tetas cada vez que se agachaba a limpiar una mesa o el bonito culo que se asomaba por debajo de la minifalda cuando empezó a barrer.
Llegó un momento en el que no me resistí más, y, mientras ella estaba en la barra, me acerqué por detrás, le pasé el brazo por el cuello y restregué mi pene por sus nalgas. Ella no se resistió. Por eso, le levanté la falda, le bajé las bragas y le metí mi pene por el ano. Gritó de placer. Estuve dándole fuertes embestidas a la camarera durante unos minutos. Después, le giré y le introduje mi pene en su boca. No se muy bien quién de los dos estaba más cachondo.
Quería verla cabalgar y por eso me senté en una silla y la puse encima mío. La colombiana se portó de lujo. Ella montaba mi pene mientras yo acariciaba sus pechos con una mano y su clítoris con la otra.
Después, me apetecía algo más salvaje con aquella diosa del sexo. Por eso la tumbé en una de las mesas y, mientras yo la penetraba por detrás, le penetraba la vagina con un bote de kétchup que encontré por allí. Doble penetración. Nos corrimos a la vez. Fue una auténtica explosión de fluidos.
Una vez terminamos la faena, ella sólo me dijo “Soy Karen. Si quieres repetir esto otro día ven aquí y pregunta por la colombiana”.
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