Enviado por: R.A.

Mi tío tiene una habitación cerrada en su casa y yo siempre he querido saber que se esconde en ella. Un día que él estaba trabajando me colé y abrí la puerta con una navaja. Dentro me encontré con un montón de artilugios que no sabía para que servían, látigos, esposas de peluche, un columpio, un guante de hierro…

Derepente se abrió la puerta de la calle y entró mi tío pillándome de pleno. Bueno, bueno, que tenemos aquí, exclamó, una sobrina putita que quiere jugar con los juguetes de tío. Yo me quedé muda a la vez que cachonda mientras mi tío cerraba la puerta despacio detrás de él y se quitaba el abrigo.

Lo que debes saber sobre mi, Mar, es que a tu tío le gustan los juegos duros antes de que se le ponga dura me comentó quitándose la ropa y quedándose totalmente desnudo. Coge este látigo de cuero y dame en la espalda hasta que veas que se me hacen heridas. Yo obedecí entre fascinada y asqueada, pero al final me di cuenta de que me gustaba mucho eso de sadomasoquismo y de tener el control.

Cuando mi tío empezó a jadear yo le lavé las heridas con un poco de agua y le dejé descansar. Después me cogió y sin decir nada rompió mis bragas rascando sin querer mi clítoris con su uña y metiendo un tanto la punta del dedo en el coño. Me puso en el columpio  empezó a balancearse conmigo a la vez que intentaba meter su polla, más gruesa que larga. Cuando lo consiguió los dos nos elevamos al placer más alto, ya que el balanceo del columpio combinado con las embestidas es lo más. Cuando terminamos me dejó la llave de la habitación para que pudiera venir cuando quisiera.

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