Enviado por: Juan. Envía tu propio relato.

Todo empieza así. Un día, me fui a cortar el cabello a una nueva estética cerca de mi casa, que fue abierta por una señora de unos 40 años aproximadamente.  Tenía muy buen cuerpo, y ese día tenia un suéter ajustado y unos pantalones aguados. Aun así, se le veía bastante bien su trasero. Cuando llegué, ya estaba atendiendo a una persona, por lo que con una bella y amable sonrisa me dijo: “en un momento te atiendo”, a lo que respondí con un tímido: “Sí, no se preocupe”. Me senté y agarré una revista para ojear, pero la verdad es que no podía dejar de ver aquella figura y su rostro sonriente.

Terminó de atender a su cliente. Me pidió que tomara asiento y que le dijera el corte que iba a querer. “No sé, la verdad. No quisiera cortarme el cabello pero necesito tenerlo corto para unas fotos que me piden en la escuela”, contesté.  Ella sonrió y dijo: “Pues que mal porque así te ves bien,  pareces Harry Potter”. Supongo que lo dijo porque uso lentes y me gustaba traer mi cabello largo alborotado. Reí y empezamos a platicar de una manera fluida e interesante; cosa rara en mi debido a mi timidez. Charlábamos como si ya nos conociéramos de mucho antes. Cuando terminó de hacerme el corte me di cuenta que se me había olvidado el dinero para pagar. Estaba muy apenado y  le dije que le dejaba mi celular en lo que iba por dinero, ademas de que vivía cerca. Ella respondió que sí, que no me angustiara; que eran cosas que pasaban. Fui corriendo por el dinero. Regresé, le pagué, le di las gracias y me fui bastante apenado. Al llegar a mi casa me di cuenta de que no me había regresado mi celular (la verdad que si era bastante despistado). Volví a ir y ella al verme me dijo sabia que volverías por esto y se rió, enseñándome mi celular. Me lo entregó, pero al momento que agarre el celular que tenia en su mano, lo apretó por lo que no pude arrebatarlo, y isa quedamos los dos sosteniendo el celular. La mire a los ojos y me dijo: “Gracias por el buen momento. Me agradó platicar contigo; eres tímido pero muy divertido”. Me quedé mudo, porque esta vez su mirada era diferente. Se volvió a reír y me dijo: “Si tuvieras experiencia te darías cuenta que te estoy dando entrada para que tomes la iniciativa”. Lo único que pudo salir de mi boca fue un tonto “Aaaa”. Cerró sus ojos y se acercó a mi para besarme con aquellos maravillosos labios. Sentí tan bien que comencé a mover mis labios cerrando mis ojos, yo no tenía novia pero si había besado a chavas. Eso sí, nada comparado con aquel beso. Me armé de valor y la abracé. Fue increíble sentir su cuerpo junto al mio. Sentir aquellos senos enormes en mi pecho. Nos seguimos besando y mis manos fueron bajando, recorriendo aquellas curvas que daban forma a su cintura hasta llegar a su cadera, ya muy cerca de aquel par de grandes nalgas.

Aquel movimiento le encantó porque sentí como tembló su cuerpo, se apartó de mi y me dijo: “Vente, vamos acá por si alguien llega a entrar”. Me tomó de la mano y me condujo a la parte de atrás, donde estaba el baño y una mini bodega en donde almacenaba algunas cosas. Nos metimos y nos abalanzamos a seguirnos besando. La tomé de la cintura y toque su piel descubierta entre el espacio de su suéter y pantalón. Era tan suave. Mi mano derecha fue subiendo poco a poco por debajo de su suéter y mi mano izquierda aprovecho lo aguado de su pantalón por lo que no me costo llegar a su excelente trasero notando que usaba tanga, eran tan grandes sus nalgas que mejor baje mi mano derecha para acariciarla con ambas manos. Eso le encantó porque dejó de besarme y me dijo que le gustaba mucho eso. Mientras yo apretaba su voluminoso trasero se quito su suéter, quedando solo en brasier. Me quitó mi playera y volvió a besarme. Yo quería tocar de igual manera sus enormes senos, por lo que subí mis manos y le levanté el brasier, quedando su busto piel a piel junto al mio. Yo quería ver aquel gran espectáculo, así que la aparte de mi. Abrí mis ojos y ella se sacó el sostén. Pude ver en total esplendor aquel par de melones tan hermosos. La volví a besar. Esta vez mis manos se fueron sobre su pecho. Quería lamerlos, por lo que baje besando su cuello hasta llegar a uno de sus pezones, que comencé a lamer y a morder con desesperación. Estaba ya tan excitado que la timidez qu me caracterizaba desapareció. Ella me decía: “Lámelos,  haz lo que quieras; son tuyos”. Así, estuve un buen rato jugando con aquellas enormes bolas y sus gloriosos pezones, sin olvidarme de su gran trasero.

Mientras mordía uno de sus pezones baje mis manos para desabrocharle el pantalón, y asi dejar al descubierto aquel enorme corazón que también quería ver y besar. Bajé mi boca hacia su ombligo. Tenía pensado bajar mas para de una vez hacerle sexo oral, pero ella me detuvo. Se apartó de mi y me dijo “Espera”. Se quitó el pantalón, que ya estaba abajo gracias a mi, y sonriendo me dijo que para ser inexperto no lo estaba haciendo tan mal, y que se veía que lo estaba disfrutando. Acto seguido bajó su mirada hacia mi inminente erección, que aunque no poseo un gran miembro (16 cm), ya era muy visible. Me dijo que era su turno de bajarme el pantalón. Me lo quito y de una vez mi ropa interior, dejando al aire libre mi pene que, como dije, no es tan grande pero si estaba muy erecto e hinchado. sobre todo el glande. Le dije que si no le importaba el tamaño ella. Respondió agachándose y comenzó a chupármelo. La verdad no aguante ni dos minutos cuando exploté. Eyaculé salvajemente. Alcanzó a reaccionar y la mayoría de mi semen cayo en sus senos. Aquella imagen era sorprendente: su carita tierna sorprendida aumento mi excitación. Le dije que me disculpara. Respondió que no había problema pero no quería que eso terminara ahí, y la verdad, yo tampoco. Por la gran excitación, mi erección no disminuyó. Sabia que, por experiencia en mis masturbaciones, la siguiente eyaculación tardaría mas.

Puso sus manos en la pared e inclino su cuerpo parando y exhibiendo semejante voluptuoso trasero, solo cubierto con una diminuta tanga. Me dijo que se la quitara y que viera lo que viera no me enojara con ella. No entendí aquella sugerencia y baje su tanga mientras imaginaba su vagina. Cual fue mi sorpresa cuando lo que vi no fue una parte femenina sino dos testículos y un pene y mas arriba su ano.  Eso si, hermoso hoyito, sin ningún bello.

Volteó y vió mi cara de sorprendido, y me dijo que entendería si yo decidia irme. Lo que pasaba por mi cabeza era que no me explicaba como semejante belleza no era una mujer, al menos biológicamente. Le dije que no se preocupara. Ella había sido tan amable conmigo ademas de que era mi primera vez en todo. Jamás había estado así con alguien, disfrutando y acariciando su cuerpo entregándose a mi, ademas de que sentía mucha atracción por ella. “Mira, no quiero obligarte a nada. Si quieres aquí la dejamos”, me dijo. Me acerqué a ella y la bese y abracé. “Gracias, yo quiero seguir disfrutando”, le respondí.

Yo quería besar su bonito trasero. Le di vuelta, baje hacia sus nalgas y comencé a comerlas. Ella se excitó demasiado y se inclinó, sosteniéndose en unas cajas. Cuando me acercaba a su ano notaba un olor que me perdía, era una rara combinación entre su perfume y un olor que es característico de esa parte del cuerpo (no me refiero a algún olor desagradable también propio de ese lugar). Era tan atrayente que separe sus dos nalgas y ante tan bello agujerito limpio no dude en comenzar a lamerlo. Me gustó tanto que estuve un buen rato gozando de aquel maravilloso anito.

Ella se arqueaba de la excitación. Lo disfrutaba igual que yo lamía, chupaba y besaba aquel hermoso hoyito. Yo era virgen pero aquella mujer se había entregado a mi, así que yo decidí entregarme a ella. Le dije: “Quiero que sea mi primera vez”. Me dijo que no tenia condones. Afortunadamente, yo tenia unos que me habían dado en la escuela. Le dije que fuéramos a mi casa y aceptó. Nos vestimos, cerró la estética y nos fuimos rápido. Por suerte no había nadie en casa. La metí a mi cuarto y nos besamos otro rato. La desnudé y ella a mi. Saqué el condón. Me lo puso y se recostó en mi cama. Abrió y levantó sus piernas, mostrándome su ano muy lubricado por la lamida que le había dado. Me puse sobre ella y comencé a penetrarla, quedando nuestras bocas juntas para besarnos mientras mi pene entraba y salía de aquel glorioso anito. Estuvimos un buen rato y yo no quería que terminara nunca, pero por los movimientos cada vez mas rápidos y lo apretado de su hoyo, más los besos que nos dábamos ya no pude mas y exploté dentro de ella. Le deje mi pene adentro mientras la seguía besando y acariciando. Lo saqué y como increíblemente seguía erecto cambie de condón y ella se puso en cuatro. Se la volví a meter lento y luego rápido. Era increíble como estaba aguantando tanto. Estaba empapado en sudor pero quería mas, y ella también. Sus gemidos y palabras me daban mas motivación. Me lo apretaba cada vez más. Se la saqué y ella aprovecho para pararse. Me dijo que me sentara en el borde de la cama, y con mi pene apuntando hacia arriba ella lo aprovecho sentándose en el. Empezó el sube y baja y la verdad no aguante más. Volví a explotar dentro de ella. Nos seguimos besando por mas tiempo. Nos vestimos y la acompañe a la estética. Le agradecí y desde entonces es mi mujer, aunque ya no vive por donde yo vivo.

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