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Lo que voy a relatar comenzó hace unos 14 años, yo, Rubén, tenía 8 años, mi hermana Mary 16 y mi hermana Lupe 6, resulta que vivíamos en una casa donde también vivía otra familia, bueno, una pareja, él un hombre de unos 35 años y su esposa Toña de unos 25 y mi mamá. Nosotros vivíamos en la parte alta, la pareja abajo.
Un día que no estaba mi mamá, solo mis hermanas y yo, Arturo, que así se llamaba el hombre, pretendido violar a mi hermana Mary, la tiró sobre la cama y le levantó la falda, pero ella se defendió y no pudo cogérsela, aunque traía alberga bien parada, ni siquiera pudo bajarle la pantaleta, recuerdo bien, era roja.
Mi hermana menor y yo solo atinábamos a ver la lucha entre los dos sin poder intervenir, yo no sabia de qué se trataba, Lupe supongo que menos. Total, luego de un rato de tratar de cogérsela y no lograrlo, desistió, pues creo debió tener miedo a que mi mamá llegara. Nadie dijo nada, ni mi hermana ni nosotros.
Al poco tiempo nos cambiamos de casa. Mary se casó a los 20 años y Lupe, comenzó a los 12 a dar de qué hablar, las vecinas decían que era una putilla, pues se vestía muy descarada y ya no parecía una niña, sino una adolescente precoz.
Total, ya era todo un desmadre, porque prácticamente sabían los vecinos que se iba al monte a coger con los pandilleros del rumbo y hasta con casados. A los 14 años salió embarazada y hubo uno que se aventó la bronca y se juntaron, pero con frecuencia tenían problemas, porque ella seguía con sus puterías y él, cuando cogían, yo los escuchaba porque vivían en la misma casa de nosotros, le preguntaba que cómo la ponían y que de qué tamaño eran las vergas que se comía, pendejadas por el estilo, y la muy pendeja se lo contaba.
Luego cuando le pasaba la calentura él le reclamaba y tenían sus peleas fuertes, en una ocasión ella se fue de la casa, con su niña, no supimos de ella sino hasta una semana después que llegó, dijo que había estado con una señora que le había dejado quedarse con ella. Total, la recibió su pareja y todo transcurrió más o menos igual, aunque ya los problemas bajaron de intensidad.
Ella tenía 16 años y yo 18, cuando en una ocasión me encontré a Arturo, me saludó y andaba pedo, comenzó a platicar puras pendejadas, pero luego me contó a la de sin susto que; “no se me hizo con Mary, pero con Lupita, estuvo con madre, pinches cogidas que le di”.
Yo hice el intento de seguir mi camino, de no hacerle caso, pero me atajó; “la neta guey, si me la cogí, bien rico, toda una semana en la casa”, yo le respondí que eso era mentira, que mi hermana vivía en la casa y no salía más de un día, él me dijo; “fue un día que se fue de la casa, pregúntale a Toña, es más, con Toña no hubo pedo, hasta ella la animó”.
Me dijo; “ven, vamos a la casa y vas a ver que Toña sabe todo el pedo, es más, Lupita viene de vez en cuando, los sábados o los domingo, siempre viene caliente y ya sabrás, puro cogedero”
Como la casa estaba cerca, fui con él, Toña al verme hizo cara como de “chingao”, luego Arturo le dijo; “dile vieja, si o no me cojo a Lupita”, ella al principio le decía que se callara, pero él seguía insistiendo, hasta que finalmente aceptó; “bueno si, pero no creo que a su hermano le guste saber eso, entiende, es su hermano y eso tal vez le moleste”.
Luego volteó a verme y me dijo; “tal vez no te guste saberlo, pero sí, éste cabrón se la cogió, pero una cosa si te digo, no fue por la fuerza, es más, ella viene todavía y ya te imaginarás a qué, total, no es ninguna niña y no se si tu lo sepas, pero es una…, bueno, ya te imaginarás”.
Yo estaba como aturdido y decidí retirarme, pero Arturo me dijo; “si quieres comprobarle, vente el domingo, va a venir”, me quedé pensando, de hecho no pensaba, solo trataba de asimilar lo que me decían, me sorprendí cuando le respondí; “y está seguro que va a venir?”, “si, no falla, viene por su lechita, jaja”.
Y respondí; “y cómo podría yo verla, a lo mejor solo viene a visitarlos”, Toña intercedió; “te esperas a que llegue, luego yo salgo con cualquier pretexto, ellos se van a la planta alta y ya tu regresas conmigo y así te desengañas, pero una cosa, debes estar seguro de que en verdad solo vas a comprobarlo, nada de escándalos”.
Quedamos que el domingo yo estaría cerca de la casa y, según dijeron, llegaría a la una de la tarde, Toña saldría con el pretexto de ir a comprar papel y refrescos y ya cuando regresara yo iría con ella para entrar a la casa.
Y así llegó el domingo, desde antes de la una estaba yo cerca de la casa, auque algo retirado, para que Lupe no pudiera verme, si acaso llegaba.
Y si, sí llegó, pocos minutos después de la una, le abrió Toña. Unos 15 minutos después salió Toña, me vio y me hizo una seña para seguirla, fuimos a la tienda y, efectivamente, compró un paquete de cuatro rollos de papel sanitario y unos refrescos.
Nos fuimos a la casa y metió la llave en la cerradura, sin hacer mucho ruido, se metió ella primero y luego salió, me dijo; “están arriba, no hay problema, pásale”.
Nos fuimos al primer cuarto, que tenían habilitado como sala, luego me dijo; “ahorita ya deben estar cogiendo, deja voy a ver”, se fue y se llevó un rollo.
Regresó unos cinco minutos después y me dijo; “que te dije, ya la tiene mamándole la verga”.
Me dijo que no me sintiera mal, que es lo mismo de los hombres, que las mujeres también tienen necesidades, aunque también reconoció que; “claro, como es tu hermana, como que no te cae o no quieres que te caiga el veinte, pero es algo normal”.
Luego de un rato me dijo; “vente, ya para que te desengañes, pero ya te dije, nada de hacer ‘panchos’, tómalo con calma”.
Subimos a la segunda planta, yo conocía muy bien el lugar, pues ahí habíamos vivido, me dijo Toña; “están en el último cuarto”, ya sabía cual era ese, y entramos despacio, solo se escuchaban los jadeos, llegamos a la puerta, estaba casi abierta completamente, así la había dejado Toña, se paró ella frente al cuarto y yo a un lado, para evitar que me fueran a ver.
“Cómo te trata Arturo Lupita?, estas a gusto?, la estás gozando?”
Lupita respondió; “siii, súper, nadie me ha cogido así de rico, gracias Toña, por no molestarte, pero sabes que a mi me encanta la verga”.
Me hizo una seña Toña para que me asomara, lo hice con precaución, para no ser visto por Lupita, así, pude ver que estaba en cuatro, con la cabeza murado al fondo del cuarto y el culo a la puerta, definitivamente no podía verme.
Arturo le daba tremendas embestida que ella tenía que apoyarse en la pared y sus gemidos de placer eran de lo más caliente.
Luego Arturo, que ya me había visto, la volteó en diagonal, igual, empinada como la tenía y así pude ver el tremendo vergón que le estaba dejando caer, una verga gruesa y grande, la cual brillaba por los flujos de mi hermana.
Para entonces Lupita gemía aún más y de hecho gritaba que quería más verga, que la preñara; “quiero ser siempre su puta, lléneme de leche, estoy enamorada de su verga, hágame lo que quiera, soy su perra!”.
De pronto, todo dio un giro extraordinario, yo estaba sobándome la verga sobre el pantalón y Toña me hizo la seña que me lo bajara, me desabroché y salió mi verga, ni en sueños como la de Arturo, Toña comenzó a acariciármela y Arturo se dio cuenta y solo nos cerró un ojo y me hizo la seña de que no había pedo.
Mi hermana seguía con sus jadeos y a darse repelones en reversa. De pronto Arturo le dijo; “tenemos público”, mi hermana respondido; “Toña, aún sigue?”.
Le dijo; “Si, pero hay alguien más”. Mi hermana volteó la cabeza a la puerta y me vio, con el pantalón bajado y Toña mamándome la verga. Como que se quiso zafar de Arturo, pero éste no la dejó; “tranquila puta, tranquila, no hay pedo, querías algo más excitante, pues ahí lo tienes, tu hermano viéndote coger y tu viéndolo coger con mi vieja, así que estamos a mano, sigue moviéndote, no defraudes a tu hermano, que está admirado de tener una hermana piruja”.
Lupe aún pudo decirme (algo en realidad muy estúpido); “que haces tu aquí?”
“Cogiendo, igual que tu, disfruta la verga de Arturo, que por lo visto te tiene fascinada, deja que Toñita me la siga mamando”.
Lupita, luego, como que le había pasado la sorpresa, volvió a ser presa de la calentura; “Déme, déme Arturo, démelo todo, al fin Toña hoy ya tiene quien le va a dar leche, ahora si, toda va a ser para mi”.
Ahí, en una colchoneta sobre el piso, me cogí a Toña, mientras Arturo tenía ensartada a Lupita, al final, fui yo el primero en terminar, Arturo y mi hermana seguían cogiendo. Arturo por fin terminó, sacó su verga aún endurecida y Lupita se la limpió con la boca.
Cuando terminó, solo se puso encima la falda y una playera, luego los cuatro bajamos, medio vestidos, a la sala, ahí comenzamos una plática sobre pendejadas y obviamente debimos abordar el tema de la cogida y qué seguiría después, es decir comprometernos a guardar el secreto, lo cual hicimos, aunque fueron más visitas que hicimos a Arturo y Toña. Arturo terminó, finalmente, cogiéndome a mi también y yo a mi hermana. Me convertí en tapadera de las puterías de mi hermana.
Ya sabía cuando ella iba a coger, se vestía, algunas veces, con un vestido amarillo que tenía cierre al frente, así solo se lo bajaba y quedaba lista para ser cogida, en otras ocasiones se ponía tanga azul o rosa mexicano, con listones y encaje negro, medias tipo cristal, blancas, transparentes, con liguero del mismo color, me gustaba cuando se la cogían vestida así.
Hoy me acordé de esto porque fui a visitar a mi hermana, a la que le falló el tiro a Arturo, que se la quiso coger, a Mary, estaba en su casa cuando por equis plática salió el tiempo que vivimos ahí, salió a relucir el nombre de Arturo, pero mi hermana Mary no hizo ninguna alusión a la fallida violación, pero Lupita y yo cuando salió a relucir el nombre de Arturo, solo volteamos a vernos y nos sonreímos. Obvio, ella recordó esas hermosas cogidas que ese cabrón le dio y le dio hasta a llenar, bueno, es eso una exageración, porque creo que Lupita no tiene llenadera. Comenten.

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